Leonardo «Yiyo» Lombar, musico y profesor profesional, por mas de 15 años radicado en Durango México, escribe para un medio llamado «El sol de Durango», cuenta una experiencia personal con carácter de reflexión, con esto que la sociedad esta viviendo como Mundial, lo editamos en UNO
Cada cuatro años, desde que tengo uso de razón, me vuelvo a ilusionar con esta gesta. En el 78, tenía 6 años y recuerdo como si fuera hoy estar mirando aquella épica final en la sala comedor de la casa de mis tíos Raúl y Estela, en una pantalla que por entonces se consideraba “gigante”, probablemente de 26 pulgadas, con una cubierta que transformaba el blanco y negro en color, o al menos algo que se asemejaba al color de la famosa naranja mecánica y al albiceleste de los anfitriones. Yo se que en México ya existía la TV color, donde se inventó, pero en aquellas latitudes, el aparato no fue accesible sino hasta el 82.
Ningún deporte es tan popular como el fútbol. Ninguno genera tanta derrama económica. Ningún deporte ha logrado conquistar mercados tan dispares como el africano el y el estadounidense a la vez. En 1982 la selección de Camerún fue la encargada de visibilizar todo un continente sufrido y olvidado; y en 1994 el entonces anfitrión se dió cuenta dónde necesitaba invertir sino quería quedar fuera del mercado global. Hoy en día, el continente “pobre” tiene más selecciones competitivas que cualquier otro, algunas de ellas ya en octavos, y el país del norte descubrió que era un gran negocio disponer sus espectaculares estadios de americano como una forma de abrirse a la mística del soccer.
Por supuesto que no ignoramos los excesos que genera la fiebre mundialista, como los lamentables sucesos que tuvieron consecuencias trágicas en la capital de nuestro país tras el festejo por el último triunfo de la selección nacional. Pero eso no es culpa del fútbol, sino de nuestro primitivo comportamiento social y las evidentes deficiencias del sistema de protección ciudadana capitalino. Lo que sí es responsabilidad directa del fútbol es el poder que tiene la pelota detrás de la cual corren 22 jugadores dentro de la cancha pero millones fuera; que nos emocionamos, presumimos de nuestra nacionalidad, sufrimos solos o en familia, discutimos con el VAR o le damos instrucciones al director técnico, gritándole a la TV como si nos pudiera escuchar, aunque sea solo por un momento.
La FIFA es como la Coca-Cola, todos la criticamos, pero todos bebemos de ella. ¿Por qué mejor no dejamos de conspirar y aprovechamos estratégicamente las bondades del torneo más popular y convocante del planeta? Así lo haremos nosotros este domingo en las instalaciones de la iglesia, con el épico quinto partido: México vs Inglaterra, porque entendemos que Dios no está peleado con el fútbol.
Como dice el sabio predicador: “. . . Dios lo hizo todo hermoso para el momento apropiado. . . Así que llegué a la conclusión de que no hay nada mejor que alegrarse y disfrutar de la vida mientras podamos . . . la gente debería comer, beber y aprovechar el fruto de su trabajo, porque son regalos de Dios.” (Eclesiastés 3:910-13 NTV)

Fuente: Leonardo «Yiyo« Lombar Periódico El Sol de Durango
Edita: Periódico UNO
