ANTISEMITÍSMO: ANTES HAMÁN, DESPUES HITLER, AHORA ES HAMAS.

El odio a los judíos va más allá de los prejuicios estereotipados, la discriminación y la búsqueda de chivos expiatorios. Los antisemitas se sienten impulsados al genocidio total de los judíos.

El Amalek bíblico es el prototipo del antisemita rabioso y archienemigo de los judíos. Amalek ataca cuando los judíos están en su punto más alto tras los milagros de las Diez Plagas, el Éxodo de Egipto y la división del Mar Rojo. (Éxodo 17:8)

Todos temían desafiar a los judíos. Excepto Amalek.

La antigua literatura judía (Midrash Tanjuma 9) compara este ataque con alguien que salta a una tina de agua hirviendo en la que todos temen entrar. Aunque el que se metió sufre quemaduras masivas, logra enfriar el agua, lo que permite que otros ataquen. Amalek se sacrificó por su objetivo principal: demostrar que los judíos son vulnerables.

El heredero ideológico de Amalek y su descendiente directo (a través de Agag – Ester 3:1), es Hamán, quien planeó un genocidio de los judíos hace 2.500 años en Persia (Irán).

El odio de Hamán era tan grande que ofreció 10.000 kikar (aproximadamente 460 toneladas) de plata para tener el derecho de aniquilar a los judíos (Ester 3:9).

Finalmente, su plan fracasó.

La tradición nazi

Cada generación tiene su propio Amalek ideológico. En el siglo XX, Hitler asesinó seis millones de judíos proclamándolo como una «causa justa»: exterminar la «alimaña judía» para salvar heroicamente al mundo.

Para Hitler, el genocidio era todo o nada, «o ellos o nosotros». Él dijo: «Si sólo un país por cualquier razón tolera en él a una familia judía, esa familia se convertirá en el germen de una nueva sedición» (21 de julio de 1941, citado en Hitler’s Apocalypse, pág. 122)

Hitler consideraba que matar a los judíos era todavía más importante que ganar la Segunda Guerra Mundial.

Hitler consideraba que matar a los judíos era todavía más importante que ganar la Segunda Guerra Mundial. Con la invasión nazi a Hungría en 1944, importantes oficiales militares alemanes le pidieron a Hitler que diera prioridad a las vías férreas para transportar tropas y suministros que se necesitaban desesperadamente en el frente de batalla.

Ignorando sus advertencias, Hitler designó las valiosas vías férreas para deportar en masa a los judíos húngaros hacia los campos de exterminio. Este «autosacrificio para destruir a los judíos» resultó ser un factor clave para debilitar el esfuerzo de guerra alemán.

Canalizando a Hamán, Hitler albergaba un odio venenoso hacia la fiesta de Purim. Él proclamó: «A menos que Alemania salga victoriosa, los judíos podrían celebrar la destrucción de Europa con una segunda fiesta triunfal de Purim» (30 de enero de 1944, citado en The Purim Anthology, 1949).

Cuando Hitler invadió Polonia en 1939, prohibió la lectura del Libro de Ester y ordenó que en Purim se cerraran todas las sinagogas. En Purim de 1942 en Zdunska-Wola, un pueblo polaco ocupado por los nazis, la SS de Hitler ahorcó a diez judíos en una sádica parodia de los acontecimientos del Libro de Ester (Martin Gilbert, The Holocaust).

Incluso después de su innoble derrota, los nazis siguieron «inspirándose» en Hamán. En los Juicios de Núremberg, cuando Julius Streicher subía a la horca gritó: «Purimfest 1946». (Newsweek, 28 de octubre de 1946).

El 7 de octubre

Hoy, 2.500 años después del enfrentamiento de Purim con los genocidas persas, el pueblo judío enfrenta a otro enemigo persa: los dementes mulas de Irán. Los tentáculos del «pulpo iraní» son controlados a distancia desde Teherán: Hamás, los houtis en Yemen, Hezbolá en el Líbano y las milicias en Irak y Siria. Este Amalek moderno está construyendo armas nucleares y —con repetidas amenazas de «borrar a Israel del mapa»— espera pacientemente para atacar.

El 7 de octubre, Hamás bajo la dirección de Irán, llevó adelante la peor masacre de judíos desde el Holocausto. La crueldad sádica estaba sacada directamente del libro de instrucciones nazi. Los terroristas de Hamás entraron a los kibutzim de la frontera de Gaza, asesinaron, violaron y saquearon salvajemente, incineraron muchas casas con sus habitantes adentro.

Hamás justifica la yihad violenta como una guerra santa, noble y justa para «liberar su patria robada por los judíos», y sigue la directiva de Mahoma de masacrar a los judíos «dondequiera que los encuentres». (Corán 2:191)

Siguiendo la tradición de autosacrificio de Amalek, Hamás invita la muerte y la destrucción de sus propios civiles, utilizándolos como escudos humanos, tanto para proteger a los terroristas como para incrementar cínicamente las víctimas civiles con la esperanza de suscitar la condena mundial de Israel.

Como declaró el presidente del Buró Político de Hamás, Ismail Haniyeh: «Necesitamos la sangre de los niños, las mujeres y los ancianos» para «encender en nosotros el espíritu de la revolución» contra el estado judío.

Trágicamente, la estrategia de Hamás parece estar funcionando. Respaldados por los teóricos de las conspiraciones y negadores del Holocausto, el antisemitismo ahora está de moda en la sociedad educada. Resulta alarmante que una encuesta reciente de Harvard-Harris muestre que el 60% de los votantes estadounidenses de entre 18 y 24 años crean que Israel está cometiendo un genocidio en Gaza, y que una mayoría crea que Israel debería «terminar y entregarse a Hamás».

Neutralizar la Solución Final

Afortunadamente, el pueblo judío tiene un arma potente para luchar.

Al pedir permiso para aniquilar a los judíos, Hamán los acusó de ser «una nación dispersa y dividida» (Ester 3:8), una referencia a las divisiones y luchas internas judías. Esta falta de unidad dio a Hamán la confianza necesaria para llevar adelante su plan genocida.

Ester entendió que la solución para el antisemitismo era la unión judía.

Ester entendió que la solución para el antisemitismo era la unión judía. Ella le dijo a Mordejai: «Ve y reúne a todos los judíos» (Ester 4:16). La amenaza de Hamán llevó a que el pueblo judío se uniera y provocó un cambio de 180 grados de la desunión a la unión.

Mordejai formalizó esta idea de un destino compartido con la tradición de mishloaj manot en Purim, enviarse mutuamente regalos de comida (Ester 9:22). La idea es incrementar el amor y la amistad, e inculcar el mensaje de que para prevalecer, debemos trabajar juntos.

Antes del 7 de octubre, la sociedad israelí estaba polarizada. Había tensión en las calles y se hablaba de una guerra civil y la posibilidad de dividirse en dos estados.

Como en la historia de Purim, el 7 de octubre provocó un cambio de 180 grados entre los judíos: de la falta de unión a la unión.

Aunque no podemos saber la razón para todo nuestro sufrimiento, esto prueba la máxima de que el mayor mal ataca al bien mayor.

Durante el Holocausto, un judío fue golpeado con sadismo por un guardia nazi que se burló diciéndole: «¿Acaso te gusta ser judío?». El judío lo miró y le dijo con orgullo: «Prefiero estar en mi posición que en la tuya».

La mejor respuesta ante el antisemitismo es el orgullo judío. La verdad y el bien prevalecerán. De la oscuridad saldrá la luz.

POR Rav Shraga Simmons

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